Escuché  sobre la Constitución de la Ciudad de México por primera vez cuando colaboré en el primer Plebiscito Ciudadano en 1992. Tras llamar a un anuncio en el periódico, participé como voluntaria.

Un año antes había participado como observadora electoral en Michoacán, junto con un grupo que años después sería Alianza Cívica. Así que tenía ya «experiencia» en montar una casilla con mis propios voluntarios (Carlos, mi amigo-vecino, y Fernando, mi hermano de 18 años). Convencí a cientos de desconocidos que participaran en nuestro pequeño ejercicio democrático.

Tenía 21 años y estudiaba los últimos semestres de El Colegio de México; mi calificación final de Historia China sufrió por participar en estas actividades cívicas. Conocí a mis comités locales del PRD y del PAN. Amalia García y Demetrio Sodi, promotores del plebiscito y hoy figuras controvertidas, eran entonces admiradas por su apertura a escuchar. Discutí con ellos los dilemas de convertirse en estado 32, qué perdíamos y qué ganábamos. Del nombramiento de un Regente a la elección del Jefe de Gobierno, concluíamos, era un gran avance.

Rodolfo Morales

Trabajé para el GDF

En 1997, cuando finalmente elegimos a nuestro primer Jefe de Gobierno, Cuauhtémoc Cárdenas, trabajé en la Dirección de Participación Ciudadana de la Secretaria de Gobierno. Fueron unos meses caóticos llenos de improvisaciones, pero también la emoción de trabajar en el edificio del antiguo Ayuntamiento, de donde se habían llevado hasta los muebles y todo estaba por escribirse.

Atestigüé entonces las primeras propuestas de democracia directa: plebiscitos, referéndum, iniciativa ciudadana, la elección de «jefe de manzana» (ahora comités vecinales). Desde Alianza Cívica, las propondríamos al Congreso, quedando en la cogeladora por décadas hasta #ReformaPolíticaYa.

Ver la novatez política, mi camino hacia las políticas públicas y los funcionarios de Santo André y Montevideo –ciudades recién gobernados por partidos de izquierda– despertaron mi interés.

¿Cómo gobernaba la izquierda las metropolis de Sao Paulo, Montevideo y posteriormente –sin provenir de la izquierda tradicional– las ciudades colombianas?

Mi tesis de maestría (leer aquí) fueron las lecciones del primer Gobierno del PT en Sao Paulo. El movimiento social que lo llevó a ser gobierno y algunas de las políticas públicas más importantes de Luisa Erundina como alcaldesa. Ese fenómeno que había observado cerca cuando los miembros del CEU y las Brigadas del Sol en los primeros meses del Gobierno de Cárdenas se convirtieron en «enlaces de gestión social».

La tesis –tras aprender portugués, Brasil y la historia más íntima de Sao Paulo y el PT de ese entonces– resumía que quienes se adaptaban rápidamente de ser movimiento a ser gobierno y mantenían la mística social innovaron en la re-asignación de prioridades y políticas de distribución más progresista, mecanismos de participación, etc. A otros, se los comió la burocracia, los intereses particulares, los sobornos y la corrupción. «Rouba, mais faz (Roba, pero hace)» fue el lema del candidato que trágicamente no dejó a Erundina reelegirse y mucho de su trabajo se vino abajo.

El diseño y la construcción del Estado –en paralelo a la gestión de la Ciudad, no perder el poder para  terminar y consolidar estas reformas– fue el reto, en muchas ocasiones fracasado.

En el desarrollo regional de Presidencia

Al regresar a México, trabajé en la Presidencia de la República con Vicente Fox. Era Directora en una Oficina recién creada para la planeación regional para el Centro-Pais: el DF y los estados vecinos Edomex, Puebla, Morelos, Tlaxcala, Hidalgo y a veces, Querétaro.

Además de vivir «la transición»  desde Los Pinos, Andrés Manuel López Obrador era «nuestro interlocutor». Aprendí sobre todo a facilitar discusiones entre gobiernos estatales y federal:  sobre planeación; desarrollo urbano y uso de suelo; gestión metropolitana del agua; construcción de infraestructura carretera; coordinación de las policías; fomento económico a través de vocaciones, redes y clusters; finanzas, presupuestos y fideicomisos, y un larguísimo etcétera.

Al trabajar en sociedad civil, estos temas no quedaron olvidados al construir la coalición sobre la Supervía y un nuevo paradigma de Ciudad, viajar a ciudades en rápida transformación, y vivir la cotidianidad como peatón, ciclista, usuaria de transporte público, cochista, vecina con trámites ante la delegación. La transformación de la Ciudad desde la perspectiva ciudadana. Al articular la Red Mexicana de Ciudades Justas, Democráticas y Sustentables traía estos aprendizajes.

¿Qué sigue? entonces

Participar en la elaboración de la Constitución de la Ciudad de México será una oportunidad histórica.

Mis 20 años de experiencia en diseño institucional, activismo urbano y organización. Mis aprendizajes académicos y prácticos sobre diseño institucional de gobiernos locales, gestión de ciudades e innovaciones de participación servirán para construir este legado: una Constitución ciudadana.

Diseñar el cabildo de la Ciudad de México … «mi precious«, me oigo decir. A los politólogos, como a los abogados constitucionalistas, nos brillan los ojitos. Desde hace varios meses, desempolvé mi carpeta de «Gobierno local comparado».

Rodolfo Morales

¿Cómo lo haremos (en plural)?

Organizarnos, participar, emocionar para que otros participen y estar listos para ese papel histórico que nos está tocando vivir.

Dejar el trabajo, dejar la comuna, formar la comunidad del anillo, y embarcarse en una larga aventura, llena de montañas, cuevas, peligros y traiciones, monstruos, batallas y pláticas frente a una fogata.